En su libro Karate Superior (1.991) Hermenegildo Camps Meseguer lleva a cabo un profundo estudio sobre las técnicas más efectivas utilizadas en kumite y la forma de entrenarlas. Así mismo expone, a modo de resumen, un compendio de normas y considerciones fundamentales que deben ser tenidas en cuenta a la hora de mostrar un buen rendimiento en combate. En esta sección de KarateTotal.com se enumeran dichos preceptos básicos y se explican brevemente, aunque si el tema os interesa lo mejor es que intentéis conseguir el mencionado libro, en el que descubriréis un montón de combinaciones técnicas e ideas que os permitirán aplicarlas en la práctica.
Las diferencias entre larga, media y corta distancia resultan fundamentales. Una de las primeras habilidades que debe adquirirse para practicar un buen kumite es mantener siempre la distancia adecuada frente al oponente, lo que permitirá aplicar las técnicas correctamente, tanto defensivas como ofensivas.
Todo ataque repelido debe ser contestado con una contra. Ésta debe aplicarse de modo inmediato, de modo que defensa y contraataque formen una única acción, sin dar tiempo al rival a reaccionar. Este lapso de tiempo que el oponente, preocupado de su ataque, queda indefenso, es el que debe ser aprovechado para aplicar la técnica. Las técnicas de provocación o amagos de ataque están, pues, relacionadas con esto último, ya que se puede provocar un contraataque voluntario con la intención de aplicar después una defensa y ataque definitivo.
Las combinaciones son una constante en el kumite, tanto en ataque como en defensa. Lo ideal sería poder aplicar las defensas sin esquivas exageradas, lo que permitiría aplicar un contraataque efectivo y rápido sobre el oponente que, por haber atacado, se encuentra en nuestra distancia. Pero como no siempre es posible la defensa en estas condiciones, es necesario saber que la "retirada" en línea recta ha de evitarse. Se debe intentar no recular hacia atrás, sino desplazarse lateral y diagonalmente, lo que facilitará el contraataque.
Como ya hemos dicho, el ajuste de la distancia resulta fundamental tanto en el ataque como en el contraataque. Cuando la defensa es estática, la técnica de contra puede aplicarse en el sitio, pero cuando hay una retirada sucede que la distancia es demasiado larga como para contraatacar, por lo que es necesario un ajuste de la distancia que debe permitir la máxima efectividad de la técnica. Obviamente la rapidez en el encadenamiento de defensa, reajuste de la distancia y contraatque deben ser máximas para poder sorprender al oponente.
Tanto defendiendo estáticamente como realizando una esquiva diagonal hacia el interior de la línea de ataque del oponente, la posición de quien defiende queda muy expuesta al ataque adversario, dada la corta distancia a la que ambos contendientes se encuentran. Es necesaria, pues, una contra inmediata. Sin embargo, cuando la defensa con retirada precede a la contra sí puede ser en dos tiempos.
Este punto es muy importante, pues si la esquiva comienza antes del propio ataque es posible que el oponente modifique dicho ataque y llegue a impactar. Para que esta rapidez sea máxima, es preciso que las caderas jueguen un papel fundamental. Incidir en el concepto de awase (a la vez) en los entrenamientos puede hacer aumentar la intuición del karateka a la hora de moverse en sincronía con su oponente.
El movimiento de todo el cuerpo debe comenzar con impulso de las caderas, no de los pies ni de cualquier otra parte del cuerpo. Esto permite un desplazamiento en bloque de todo el cuerpo mucho más efectivo y veloz.
La aplicación de zancadillas y de técnicas específicas como el ataque a los ojos, los genitales o el cuello del adversario deben ser realizadas buscando la mayor proximidad posible al adversario.
Resulta obvio que, si hemos de enfrentarnos a un grupo de oponentes, dediquemos nuestros primeros esfuerzos a neutralizar al líder o jefe del grupo o, en su caso, al miembro de dicho grupo que pueda suponer una mayor amenaza. Esto, entre otras cosas, minará la moral del grupo entero.
Partiendo de la base de que un karateka sólo recurre al combate como último recurso, debe conocer que, cuando éste es inevitable en situaciones reales, se debe actuar sin miedo al daño que se provoca; sólo así el ataque resultará efectivo. Además, buscar la aplicación de técnicas definitivas y contundentes que permitan una rápida resolución del combate reducirá al mínimo la posibilidad de sufrir daños propios.
Cuando en un kumite uno de los dos karatekas cobra ventaja puede asumir un rol pasivo, simplemente alejándose de su adversario y sin complicarse la vida con ataques arriesgados. En tal caso, es preciso atraer al oponente. Hermenegildo Camps recomienda lo siguiente en su libro: realizar entradas sucesivas al oponente seguidas de retiradas que forzarán a éste a reajustar la distancia; tras varias de estas entradas, se sorprenderá al adversario atacando con contundencia en el momento justo en que él restablece la distancia tras nuestra retirada. Camps denomina a este método la técnica del "vaivén".
Cuando dos karatekas se enfrentan no es poco frecuente que el combate pronto adquiera cierto cariz de monotonía. Para evitar esto, el karateka puede utilizar diferentes recursos que le permitirán controlar el ritmo del combate: alternancia de aceleraciones con detenciones bruscas, adoptar tácticas defensivas u ofensivas, realizar amagos...
Muchas veces se recurre al encadenamiento de técnicas para lograr un ataque efectivo. En tal caso, es frecuente lanzar primero un ataque a nivel yodan para provocar que el adversario levante la guardia y poder así aplicar una técnica efectiva a nivel chudan.
Una finta busca generar una reacción en el oponente, de modo que para que esta reacción sea real es preciso que la finta también lo sea, es decir que aunque sepamos de antemano que la técnica no va a entrar, debe ser lanzada igualmente, para continuar con el plan previsto.
Texto: Gaspar J. Barrón
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