Gichin Funakoshi inauguró en Japón, en el año 1.935, un dojo -lugar de entrenamiento- con el nombre de Shotokan, que literalmente significa la escuela de Shoto. Funakoshi narra en su libro "Karate Do, Mi Camino" (1.956) cómo en sus paseos nocturnos por la isla de Okinawa los pinos se ondulaban, mecidos por el viento, sobre su cabeza. Aquella imagen bucólica es la que evocaba el maestro Funakoshi Gichin -utilizamos aquí la forma japonesa de nombrar, anteponiendo al nombre el apellido- cuando firmaba alguno de los poemas que escribió en su juventud. Shoto está formado por los ideogramas "Sho", que significa "pino", y "To", que significa "ola u onda", o sea, Shoto, cuya traducción completa según el propio Funakoshi sería "pinos ondulantes (mecidos por el viento)". Posteriormente, ese mismo seudónimo sirvió a sus sucesores para poner nombre a la que hoy es una de las escuelas de Karate que goza de mayor difusión por todo el mundo.
Uno de los aspectos que más llama la atención al joven practicante de artes marciales es el tesón y la férrea voluntad de los grandes maestros del pasado, quienes se sometían a intensas sesiones de entrenamiento que podían llegar a durar jornadas completas. Tal era el grado de dedicación y perfeccionismo de estos Sensei que sus pupilos se veían obligados a entrenar, hora tras hora y día tras día, la misma kata o el mismo movimiento indefinidamente, lo que llevaba al aprendiz a la perfección. La mayor parte de estos grandes maestros defendían la idea de que resulta más valiosa una única kata bien realizada que cincuenta aprendidas superficialmente. El dicho Ichi Kata san nen, que quiere decir un kata, tres años, refleja esta forma de pensar.
Hirokazu Kanazawa es uno de los máximos exponentes del Karate Shotokan de la actualidad. En el año 1.957, cuando contaba con 26 años, ganó el Campeonato de Japón en la modalidad de Kumite ¡con una muñeca fracturada! El caso es que, la semana previa al evento, se produjo esta importante lesión mientras se entrenaba, pensando incluso en retirarse de la competición por consejo personal de su entrenador, Nakayama. No obstante, la visita de su madre, que había hecho un largo trayecto para verle competir, y su mensaje de aliento (“si te has roto un brazo, aún te queda el otro y las dos piernas”) le dan ánimos, por lo que se presenta al campeonato. ¿El resultado? Obtuvo la victoria.
Texto: Gaspar J. Barrón
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